lunes, 8 de febrero de 2010

REFLEXIONES EN EL BICENTENARIO (I)

Audición radial LA VOZ ARMENIA, Buenos Aires, República Argentina
Editorial del programa del sábado 6 de Febrero de 2010

El país todo, cada uno de nosotros nos preparamos para celebrar el Bicentenario de la Patria.
200 años con historias y personajes controvertidos, con acontecimientos del pasado que marcan el hoy, que impregnan nuestros días.
Luchadores de toda la vida que han sabido pasar de generación en generación la voluntad y deción inquebrantable de luchar por un país justo, solidario e inclusivo, que se hará realidad no sólo a través de bellos discursos, sino tomando las medidas concretas que vayan construyendo las bases sobre las cuañes construirlo.
Explotadores y opresores de distintas ideologías, colores y creencias que no dudaron en regar con sangre de nuestros hermanos el suelo patrio, sin importarles lugar ni momento, y mucho menos consecuencia, ya que han sabido construir un sistema jurídico que les garantiza la inmunidad y la impunidad para seguir saqueando y expoliando.
Hermosos artículos -que parecerían garantizar una vida de ensueño para quienes habitamos este bendito país- conforman nuestra Constitución Nacional. Salud, educación, vivienda y trabajo para todos dejaron de ser “derechos constitucionales” para convertirse en un “bien preciado imposible de alcanzar” para millones y millones de argentinos y argentinas que, por decisión de las sucesivas autoridades patrias, pasaron a formar parte de ese multitudinario batallón de excluídos y marginados que nos deberían dolor, y mucho, a cada uno de nosotros cada segundo de cada día de nuestras vidas.
Mientras algunos se quejan porque no les permiten ganar más de lo mucho que ganan, otros –entre ellos, niños- tiran de pesadísimos carros llenos de papel, plástico y vidrio para poder llevar siquiera un pedazo de pan a su hogar.
Mientras algunos hablan de violaciones a la Constitución tratando de defender esa quintita de privilegios políticos y económicos del que no quieren separarse nunca –a pesar de haber presentado renuncias y de haber dicho una y mil veces que están cansados de la política-, otros son el ejemplo viviente del no cumplimiento de los derechos garantizados en la Constitución, sin que ellos signifique nada de nada para quienes deberían hacer cumplir eso de la salud, educación, vivienda y trabajo para todos.
Mientras algunos jamás cumplieron con sus obligaciones como legislador, aumentan su patrimonio personal con contratos de obras públicas en favor de sus empresas, evaden impuestos, destruyen una ciudad, forman un ejército propio y lo llaman “Policía Metropolitana”, y no conforme con ello le dan autos sin patente y “picanas eléctricas” con formato de pistolas, otros sobreviven peleándole a la vida un lugar en este mundo.
Mientras algunos deciden crear un Fondo del Bicentenario para pagar una deuda que ya pagamos mil veces –“honrando” a muchos de quienes saquearon y destruyeron el país- y otros proponen no pagar con el ahorro sino a costa de disminuir el gasto público, es decir, despidos masivos y recorte de presupuesto en la esfera social, estamos quienes elegimos levantar la barricada para que no nos sigan envenando con esta falsa disyuntiva de “unos u otros”, de “progresistas o conservadores”, de “capitalistas humanizados o regresión a la pesadilla del pasado”.
A veces resulta difícil, y vaya si lo es, manifestar oposición a ciertas cosas y no quedar pegado a quienes se presentan y “son presentados” como los únicos opositores, cuando en realidad son una de las muestras vivientes de los males que debimos soportar, o mejor dicho, que las mayorías eligieron para hacernos sufrir a todos.
Pero a pesar de esta dificultad concreta en cuanto a cómo podemos ser vistos o a cómo puede ser aprovechado nuestro discurso, no tenemos derecho a callar ante la injusticia ni a mirar hacia otro lado haciéndonos los desentendidos, por el peligro de que nos iguales a “los opositores del sistema”.
Nosotros, quienes nos sentimos parte del campo popular y tratamos de reafirmar esa pertenencia con nuestro accionar y lucha cotidianos, debemos tener a capacidad de demostrar que la sociedad justa que queremos construir no está en manos ni de unos ni de otros, sólo en las nuestras, en la de esos millones de argentinos que tienen las manos limpias para poder construir lo nuevo.
Que el Bicentenario nos encuentre juntos, poniendo las bases de ese país distinto con el que soñaron y por el que lucharon generaciones de connacionales. Y no en alguna de esas dos trincheras que pretenden presentarnos como las únicas a las que podemos sumarnos para terminar con todos los males que nos aquejan.
Si alguna vez sostuviste el “que se vayan todos”, cerrá los ojos, viajá hacia el pasado, mirales las caras, volvé al presente, mirá otra vez esas caras y escuchá lo que te dicen. Y si les creés, ¡andate con ellos!

Adrián Lomlomdjian
Director

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