sábado, 30 de enero de 2010

UN AÑO PARA AVANZAR EN SERIO

Audición radial LA VOZ ARMENIA, Buenos Aires, República Argentina
Editorial del programa del sábado 30 de Enero de 2010

Durante esta última década mucho hemos avanzado como colectividad.
A pesar de las divisiones, de algunos exabruptos, de diferencias que parecen insalvables, hemos sido capaces de ir construyendo juntos algo de las sólidas bases sobre las que descansará la colectividad en el futuro.
Y lo que les estoy expresando no es mi deseo o fruto de mi imaginación, sino la realidad concreta en la que tuve la suerte de participar con decenas y decenas de dirigentes, hombres y mujeres, jóvenes y grandes de distintas instituciones, juntos –en ámbitos interinstitucionales- o separados, cada uno en su lugar.
Este batallón de dirigentes comunitarios, sean ellos políticos, sociales, culturales, deportivos o periodísticos, han ido haciendo una práctica política que hasta hace algunos años atrás parecía imposible en el seno de la colectividad armenia de Buenos Aires.
Compartir mesas de discusión y debate, compartir la organización de algunas actividades, compartir escenarios en lo artístico, compartir delegaciones en lo deportivo, compartir espacios en lo social y hasta compartir amablemente el disenso, es mérito de toda esta generación de dirigentes comunitarios quienes, a pesar de las particularidades –desde lo individual y colectivo-, han sabido someterse sin ningún tipo de complejos ni tabúes a un proceso de cambio, entendiendo que nuevas formas de relación eran posibles sin tener que renunciar ni a principios, ni a convicciones ni a objetivos.
Hoy, por ejemplo, es natural que representantes de sectores diametralmente opuestos desde lo ideológico se sienten en una misma mesa para programar actividades, para intercambiar opiniones sobre problemas comunes o para dialogar sobre la actualidad de Armenia y la diáspora. Hoy es natural hablar sobre temas comunitarios que antes eran tabú. Hoy, disentimos y discutimos acaloradamente seguros, todos, de que ello no lastimará el proceso actual de relaciones interinstitucionales basadas en la fraternidad, la cooperación y la tolerancia.
A lo largo de estos años hemos ido superando distintos escollos, muchos de ellos producto del aprendizaje que íbamos haciendo todos juntos a medida que íbamos recorriendo un camino inédito, no porque jamás hayan existido relaciones interinstitucionales, sino porque en esta oportunidad hablamos de todas las corrientes y sectores juntos durante un lapso de tiempo prolongado.
Pero esta faceta positiva, fundamental para el desarrollo posterior, no nos inhibe de ver que tal vez pudimos hacer, avanzar, profundizar y fortalecer un poco más este proceso beneficioso para todos y cada uno de nosotros.
Y estamos a tiempo, ¡vaya si lo estamos!
Este año, 2010, debe servirnos para dar un paso más, para empezar a darle forma a aquello que fuimos ideando y sobre lo que intercambiamos opiniones durante largas horas, para comenzar a transformar en realidad mucho de lo que venimos hablando, para poner en práctica algunos de nuestros sueños y objetivos compartidos.
Cada ámbito comunitario debemos sentirlo como NUESTRO, de todos. Como cada logro y cada alegría, cada necesidad y cada momento malo. Quiérase o no, el mal trance de cualquiera a la larga repercutirá en el resto. Y cada éxito será para bien de todos. Nadie está por encima del otro, sino que cada uno de nosotros tiene una función para cumplir. Y si las funciones son similares, debemos empezar a aprender a compartir más momentos, experiencias y esfuerzos. Logremos ser uno más uno, NO uno y uno.
Para ser una colectividad de verdad, más allá de grandes y prácticos edificios, de escuelas modelo y de instituciones bien estructuradas, debemos sentirnos colectivo, proyectar como colectivo y actuar como tal. He aquí el paso fundamental que debemos comenzar a dar este año.
El desafío está planteado y depende de cada uno, de todos, comenzar a desandar el camino de la verdadera unidad.
Adrián Lomlomdjian
Director

LA VERDADERA LINEA DIVISORIA

Audición radial LA VOZ ARMENIA, Buenos Aires, República Argentina
Editorial del programa del sábado 30 de Enero de 2010


Los tiempos cambian. Los avances y cambios permanentes, los adelantos científico-técnicos, el crecimiento sin pausas del conocimiento humano, la aplicación de los descubrimientos en la cotidianidad de nuestras vidas, la rapidez con la que los hechos se producen, llegan a nosotros y pasan a formar parte del pasado en un abrir y cerrar de ojos, todo este desarrollo de la especie y la sociedad humana nos confunden hasta hacernos creer, y más, hasta convencernos de que las cosas cambiaron en serio y que no debemos ni podemos quedarnos anclados en el pasado.
Por eso, quienes dicen “enfrentar al establishment” o “al poder globalizado y omnipresente de los medios de comunicación capitalistas -verdaderos baluartes en el mantenimiento del poder en manos de las fuerzas reaccionarias imperialistas-“, no hacen más que hacer propias las consignas y la lucha con la que esta poderosa maquinaria ha logrado envenenar las mentes de decenas de millones de personas a lo largo y ancho del planeta.
Es así como escuchamos en boca de quienes se reivindican progresistas, integrantes del campo popular y luchadores por una sociedad sin explotadores ni explotados, argumentos propios de quienes ellos aseguran estar enfrentando. Y más, porque no sólo repiten los conceptos básicos que contribuyen a sostener el sistema explotador –utilizando por supuesto un lenguaje “progre” y poniendo ejemplos que no resisten la mínima crítica-, sino que se la pasan invalidando y ninguneando a quienes “osan” seguir luchando por el fin de este sistema inhumano y la construcción de la nueva sociedad.
Para ellos son más creíbles y confiables aquellos dirigentes del sistema que utilizan el travestismo político como base de su comportamiento diario, que aquellos miles y miles de compañeros y compañeras, dirigentes populares de base e intermedios que jamás han transado con el poder y que a pesar de las divisiones y diferencias siguen sosteniendo con sus vidas la lucha por hacer realidad una vida justa y digna para la mayoría de los humanos.
Entonces, se llega al colmo de creer que quienes participaron del proceso de saqueo y destrucción de nuestra patria son quienes pueden elaborar un verdadero plan de reconstrucción del país y de construcción de una nueva sociedad.
Y entiéndase bien que no estoy atacando a unos y defendiendo a otro, tal los bandos como lo presentan la gran mayoría de los medios de comunicación –oficiales y opositores-, tratando de hacernos creer que debemos ponernos junto a unos o junto a otros. En absoluto. Sólo hay que agudizar un poquito la mirada para darse cuenta que SON LO MISMO, que simplemente los separan algunas formas y las ansias de poder.
¿Existe alguien capaz de mostrar verdaderas diferencias –más allá de algunas palabritas utilizadas o actitudes tomadas en momentos precisos- entre Cristina, Néstor, Scioli, Moyano, Fernández y Moreno por un lado, con Cobos, Carrio, Macri, Duhalde, De Narváez, Bulrich, Morales, De la Rúa, Cavallo y Solá, por el otro?
¿Alguien puede creer que –desde uno de los sectores- se quiera cambiar en serio una sociedad si se sigue manteniendo en pie gran parte de la estructura que genera hambre, miseria, mortalidad infantil, desocupación y todas las lacras de este sistema explotador?
¿Alguien puede creer que –desde el otro sector- se quiera cambiar en serio una sociedad cuando lo único que se critica son los aspectos positivos de este gobierno, defendiendo a ultranza los intereses de una parte importante del poder económico que fue cómplice del poder político de turno en la destrucción del país?
Unos quieren pagar la deuda externa con reservas acumuladas y los otros quieren guardar las reservas y pagarla con dinero fresco, es decir, sacando una partida del presupuesto que debería invertirse en lo social (educación, salud, obras públicas). Ambos, sin ningún disimulo, admiten que debemos seguir desangrándonos, pagando una deuda ilegítima que no generamos y que encima ya pagamos con creces.
Mientras tanto, aquí, en la Ciudad de Buenos Aires, el empresario –con varias denuncias de corrupción en su foja- devenido a Jefe de Gobierno, no conforme con espiar a todo el mundo violando uno de los principales derechos de cada ciudadano como lo es el derecho a la intimidad, ahora decidió poner a prueba una pistola eléctrica –es decir, “una picana siglo XXI”-, despertando sólo algunas protestas y enojos de la dirigencia política.
Es esta dirigencia política, oficialista y opositora de derecha, la que conjuntamente está más preocupada en garantizar un sistema legal que permita a los grupos de poder seguir llenándose los bolsillos, que en proteger a los ciudadanos del país de la política fascista que viene aplicando, por ejemplo, Mauricio Macri en la Ciudad.
Pero claro, Macri es uno más de ellos y tal vez lo que se hace en Buenos Aires es una prueba piloto para luego aplicarlo en todo el país.
No nos olvidemos que hace 10 años muchos de quienes hoy nos gobiernan no podían siquiera salir a caminar o a comer una pizza, porque eran repudiados por todos al grito de “QUE SE VAYAN TODOS”.
Parece que nosotros no aprendimos la lección, porque ellos están todos de nuevo, como oficialista u opositores, haciendo y deshaciendo a su antojo.
Pero ellos sí aprendieron la lección. Por eso se están preparando no sólo para no ser escrachados de nuevo, sino para no sufrir sobresaltos. Por eso crean policía metropolitana, por eso las pistolas eléctricas y por eso piden que el ejército participe en la seguridad interior. He aquí algunas de las propuestas de quienes se dicen opositores.
En esta realidad debemos actuar a nosotros. Y en cada ámbito donde nos toque hacerlo, en nuestro trabajo, en la universidad o en la escuela, en el club o en el barrio, debemos tener en claro que nada podremos lograr si no ejercitamos la memoria, si no recordamos quién fue y qué hizo cada uno. No podemos seguir repitiendo errores, no debemos dejar que las injusticias nos venzan.
La única línea divisoria es saber si se está por la reforma progresiva del capitalismo o por la revolución socialista. Lo demás, es puro humo.
Adrián Lomlomdjian
Director

sábado, 23 de enero de 2010

Aprender de Hrant Dink sin tergiversar la verdad

Audición radial LA VOZ ARMENIA, Buenos Aires, República Argentina
Editorial del programa del sábado 23 de Enero de 2010

El 19 de enero se cumplió el tercer aniversario del asesinato del periodista Hrant Dink, nacido en Turquía, de origen armenio, director del semanario armenio –en idioma turco- “Agós”.
Aún la gran mayoría, seguramente, mantiene frescas en la memoria aquellas imágenes que nos llegaban desde Estambul, aquella marea humana de miles y miles de personas de todos los orígenes que había decidido darle el último adiós al militante, con pancartas que decían “Todos somos armenios, todos somos Hrant Dink” (según datos de la policía fueron más de 200 mil los que acompañaron los restos de Dink hasta el Cementerio Armenio).
Conmovedora muestra de solidaridad y hermandad logró Hrant en su despedida. Y no fue por azar, sino porque esa fue su lucha, a ella había ofrendado su vida, a la hermandad entre los pueblos, a la construcción de la nueva sociedad. Y había elegido participar en esa contienda desde su lugar y desde su identidad armenio-turca, que jamás negó ni trató de esconder. Y vaya si fue difícil. Pero para un luchador, para un militante, para quien sabe que su vida no es más que una herramienta puesta al servicio de los ideales de un mundo de iguales, no existe eso de “hacerse a un lado hasta que pase el temporal” o “adaptar la lucha a las condiciones que impone el sistema dominante”.
Para nada. A pesar del miedo (¿o acaso alguien cree que Hrant Dink no sentía miedo de morir?), a pesar de saber del peligro cotidiano para sus seres queridos, Dink eligió continuar y redoblar la apuesta, tal como lo hacen los verdaderos militantes, los verdaderos luchadores. Lo enjuiciaron, lo agredieron e intentaron defenestrarlo casi a diario desde la maquinaria oficialista y negacionista turca, lo amenazaban de muerte de manera permanente, no tenía respiro. Pero siguió, como decía él, tratando de hacer entender que los pueblos no son enemigos de los pueblos, sino que hay poderes e intereses sectoriales que enemistan pueblos para beneficio propio.
Nunca dudó en utilizar la palabra GENOCIDIO cuando le hablaban de las matanzas o “de los trágicos acontecimientos” de 1915. Pero tampoco dudó en decir que las potencias no tenían que meterse en los asuntos internos de su país (Turquía) y que entre armenios y turcos debía solucionar las cuestiones que los separaban.
Hrant Dink fue, como todo militante de izquierda, un inquebrantable luchador por el socialismo en su país. Hizo suyas no sólo la lucha por el reconocimiento del Genocidio, sino también la Causa Kurda y la de los trabajadores y los oprimidos.
A Hrant Dink no lo asesinaron por ser de origen armenio. O mejor dicho, su “sentencia de muerte” no se debió sólo a su activa militancia en los temas armenios, sino a su condición de verdadero revolucionario.
Por eso, y sólo por eso, esas más de 200 mil personas convirtieron su funeral en un verdadero acto revolucionario: flores rojas, banderas rojas, pancartas que hablaban de la amistad entre los pueblos y esas otras que decían “todos somos armenios” llevadas por miles de ciudadanos turcos.
Abran las páginas web de los distintos partidos y movimientos de izquierda de Turquía, lean las notas que aparecen en ellas con respecto a Hrant Dink. En todas hablan no sólo de un excelente periodista, sino principalmente del camarada, del compañero de lucha, del revolucionario íntegro, del militante abnegado.
Recordar a Hrant Dink, respetar su memoria y su lucha significa no tergiversar la verdad ni utilizar su asesinato para seguir envenenando con más y más chauvinismo retrógrado las mentes de las nuevas generaciones. Esa no fue la lucha de Hrant Dink ni es la de quienes lo suceden.
Aquí, a decenas de miles de kilómetros de distancia, recordamos al compañero caído y prometemos mantener bien el alto las banderas de la paz y la amistad entre los pueblos, y la lucha por el socialismo.
¡Hrant, hasta la Victoria, siempre!


Adrián Lomlomdjian
Director

martes, 29 de diciembre de 2009

Fin de año: balancear y seguir

Editorial de la audición radial LA VOZ ARMENIA
Sábado 26 de Diciembre de 2009 – Radio Génesis AM 970 (Buenos Aires, Argentina)

Cuando se acercan las fiestas de fin de año y navidad, y además de preparar infinitos encuentros con familiares y amigos, cada uno de nosotros se toma un buen rato para ver qué hizo a lo largo del año, cómo nos fue, qué nos deparó el destino, cómo enfrentamos los avatares de la vida, qué fue lo bueno y lo malo en cada un de los aspectos particulares que conforman nuestro día a día.
Este balance, y la reflexión que hacemos de él, es lo que nos permite ir delineando y programando lo que viene y prepararnos para cumplir de la mejor manera posible con los compromisos asumidos y con los inesperados.
En lo particular-familiar, cada uno de nosotros proyecta mantener y/o mejorar los niveles de vida alcanzados, no sólo en lo que respecta a lo económico, sino también a todo aquello que conforma nuestra plenitud espiritual, entendiéndose por ello esas otras satisfacciones que obtenemos más allá de lo material y que están íntimamente relacionados a nuestros afectos: padres, matrimonio, pareja, hijos, amigos, compañeros.
Después viene el ámbito laboral (para quienes en el capitalismo sobre-explotador tenemos la dicha de tener trabajo), donde pasamos gran parte de nuestros días y del que depende una parte importantísima de nosotros, ya que con los ingresos obtenidos debemos sostener, en parte, nuestro proyecto de vida individual y familiar. Y en este sistema el trabajo también es motivo de preocupación, ya que la estabilidad es casi inexistente (excepto en la esfera estatal, con sus bemoles), y los salarios siempre corren desde atrás a los precios de la canasta familiar y de los servicios públicos… Por eso, hacer milagros es un don casi diario de los argentinos, en alguna medida de los que tienen trabajo, y con tintes de heroísmo, de aquellos quienes no lo tienen e igualmente educan hijos, conforman y sostienen familias pertrechados de dignidad y obstinación por ganarse su lugar en el mundo.
Mientras algunos “sufrimos” no poder adquirir tal o cual marca o no poder renovar tal o cual artefacto que pasó de moda, otros, muchos, sufren por no tener siquiera lo mínimo e indispensable para hacerle frente al día a día.
Algunos dirán convencidos que no es culpa nuestra ni la pobreza, ni la miseria, ni las necesidades básicas insatisfechas de millones y millones de hermanos y hermanas argentinos. Y digo yo, ¿nosotros no tenemos un grado de responsabilidad en todo esto? ¿Cada uno de nosotros no es un poco culpable?
Si, no lo duden, Ustedes y yo, nosotros, todos, tenemos nuestro grado de responsabilidad. Porque convivimos con la extrema pobreza a nuestro alrededor, con hombres y mujeres de todas las edades durmiendo en las calles o revolviendo basura para comer, y no se nos ocurre otra cosa que “darles una monedita”, o decir “estos vagos, ¿por qué no trabajan?”, o mascullar por lo bajo “¿por qué no se van a sus países o a sus provincias?”.
La tele, los medios, esos mismos que nos muestran la miseria para que tengamos un poco de piedad y luego nos movilizan para defender la máxima rentabilidad de los “dueños del país”, jamás nos dicen que desde siempre nos gobiernan los mismos (con uniforme o de civil) y que mientras sigamos eligiendo por el menos malo todo va a seguir igual.
Kirchner, Duhalde, Carrió, Cobos, Menem, Macri, De Narvaez, Murphy y Alfonsín son sólo algunos nombres que, más allá de los matices lógicos que los diferencian, proponen exactamente lo mismo, es decir, CAPITALISMO. Unos pueden ser más Light, otros más conservadores, están también los ortodoxos y los renovadores, pero ninguno saca los pies del plato. Raúl Alfonsín fue muy distinto a Menem, pero uno inventó las leyes de punto final y obediencia debida y el otro los indultos. Y ambos, firmaron el Pacto de Olivos. Los Kirchner se diferencian de los otros: otorgaron aumento de salarios a los estatales luego de más de una década de estar congelados; jubilaron a muchos argentinos y llevando la jubilación a cifras que hasta hace poco parecían imposibles; se re-estatizó Aerolíneas y la jubilaciones privadas, tenemos fútbol para todos, se aprobó una nueva ley de medios de comunicación, mantuvieron-desarrollaron-profundizaron relaciones de todo tipo con los hermanos países latinoamericanos y supieron capear el temporal de una crisis mundial profunda sin despidos masivos de empleados públicos y sin el cierre de fábricas ni grandes empresas. Pero los Kirchner no reconocen a la Central de Trabajadores de la Argentina manteniendo la hegemonía de sus aliados gordos de la CGT; intentan que en el campo los que más tienen más paguen, pero no hacen lo mismo en otros ámbitos de la vida empresarial argentina; se cruzan en un duelo casi a muerte con el multimedios Clarín, pero antes permitieron que el mismo se adueñara de casi todo; hablan de nacionalizar, pero nuestros recursos naturales siguen en manos extranjeras y el saqueo continúa; mantienen a miles de luchadores sociales en las cárceles y Julio López sigue sin aparecer; subsidian la riqueza y millones de argentinos mueren un poco cada día sumidos en la más extrema de las miserias.
Así son ellos, Se nos presentan distintos, pero son igualitos. A veces se cruzan fuerte, se dicen palabras irreproducibles, incluso no se hablan por un tiempo con tal de que nos creamos que son enemigos de verdad. El objetivo es que como sociedad los veamos como única alternativa. El más claro ejemplo lo tenemos ahora: como vieron que con el Cleto Cobos no iban a ningún lado, salieron a promocionar de nuevo la candidatura de uno de los políticos más nefastos de nuestra historia reciente: Duhalde.
¿O acaso no les parece raro que traten con tanta suavidad al empresario corrupto Mauricio Macri, el peor Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires? La Ciudad está rota por todos lados, los hospitales y las escuelas se caen, no se cumplió con nada, incorporó a su gobierno a mucha mano de obra represora y fascista, espió a ciudadanos comunes, luchadores sociales y dirigentes políticos, y todavía no fue a juicio; tuvo que cambiar a los ministros que designó en un abrir y cerrar de ojos… En pocas palabras, es impresentable. Sin embargo, para los medios, su desgobierno es simplemente una noticia más.
Se viene el 2010. ¿Qué deseo, qué pido? Muy poco. Lo mejor para los que quiero y salud, mucha, para seguir luchando con mis compañeros por la justicia, la libertad y una mejor vida para todos. Para seguir luchando por el socialismo.


Adrián Lomlomdjian
Director

Es momento de comenzar lo nuevo

Editorial de la audición radial LA VOZ ARMENIA
Sábado 19 de Diciembre de 2009 – Radio Génesis AM 970 (Buenos Aires, Argentina)

Si hay algo que nos caracteriza a los armenios y a sus descendientes diseminados por decenas de ciudades en los cinco continentes es, no sólo el poseer una inquebrantables memoria histórica que reclama justicia y el haber ido moldeando importantes estructuras dedicadas a la defensa de los derechos humanos (si bien algunos muy sectarias, pero sin dejar de ser importantes), sino también el no haber conseguido una mancomunión de objetivos a concretar en las comunidades establecidas fuera de Armenia y el de no intentar conseguirlo.
Casi siempre, en broma, decimos que “si hay tres armenios existen cuatro opiniones”. Y lo preocupante es que nadie que lo escucha intenta refutar esta idea. Por el contrario, cualquiera está capacitado para traer rápidamente varios ejemplos que aseveren la veracidad de lo dicho.
Ahora bien. En otras oportunidades hemos hecho mención a este tema en particular y a muchos otros vinculados entre sí, todos ellos relacionados a la esencia misma de nuestra existencia y actividad, a nuestra cotidianeidad, a saber o para intentar saber dónde y para qué estamos, qué hacemos y por qué lo hacemos, y así, sucesivamente, para ir encontrando algunas respuestas necesarias para el desarrollo de cada uno de nosotros, desde lo particular, y para el de todos juntos, como colectivo social.
Porque es innegable que hay muchas, muchísimas personas en nuestras instituciones (voy a tomar nuestra colectividad como ejemplo) que se entregan por completo a lo que solemos llamar “armenidad”, palabra esta de variada significación, según quien la pronuncie. Hombres y mujeres de todas las edades, en instituciones con distintas características, dedican una importante etapa de sus vidas, en algunos casos la más importante, a sostener estructuras tales como las escuelas, clubes, conjuntos, coros, organizaciones juveniles, medios de prensa y todo lo que se nos pueda ocurrir. En muchos casos, gente que apenas puede mantener el pasar digno de su familia se entrega por entero al compromiso asumido sin esperar nada a cambio más que la satisfacción por el deber cumplido y el reconocimiento sincero de sus compañeros y amigos.
A no dudarlo que es sobre la base de estos hombres y mujeres donde se sostienen los pilares fundamentales de la colectividad, ya que son ellos quienes de manera conciente construyen y sostienen todo aquello de lo que nos enorgullecemos y lo que nutre a las nuevas generaciones para mantener vivos los vínculos con sus raíces. Porque no hay dinero que pueda lograr este “milagro” de tener un batallón de abnegados militantes comunitarios que se sobreponen a todo y que son capaces de superar cualquier escollo que se les cruce en el camino. Ellos y ellas, independientemente de su pertenencia partidaria o religiosa, son quienes merecen nuestro respeto y admiración, son quienes deben ser puestos como ejemplo de seres humanos por su capacidad de dar y entregar si esperar recibir, sin ponerle precio a nada ni a nadie, aguantando incluso el descaro y la prepotencia de quienes se creen superiores por el sólo hecho de tener una billetera abultada o un cargo preferencial en alguna de las comisiones.
¿Por qué digo todo esto? ¿Por qué esta reflexión?
Porque creo que llegó el momento de dar un paso adelante como comunidad. Porque aquello que venimos sosteniendo desde hace algunos años a través de nuestro discurso y del accionar concreto, merece ser abordado ya, porque creo que hemos llegado al final del camino recto donde se abren dos diagonales: una, la que nos conducirá a profundizar lo que ya tenemos y que fue moldeado para una etapa determinada y ya finalizada; la otra diagonal es aquella que nos permitirá comenzar a desarrollar, basándonos en el debate y el sano intercambio de ideas, en la conformación de un colectivo comunitario que sostenga la construcción de una nueva colectividad acorde a las nuevas generaciones y a los nuevos tiempos.
Debemos animarnos a discutir, a poner en duda todo aquello que hasta ahora se nos presentaba como verdades incuestionables, a escuchar a quienes piensan distinto, a ser nosotros mismos y no lo que otros quieren que seamos.
No podemos construir una colectividad en Buenos Aires siguiendo los parámetros delineados en Ereván, Beirut o Los Angeles. Nuestras necesidades las conocemos nosotros, nuestras debilidades también. Somos nosotros quienes entendemos hasta dónde pueden llegar nuestras diferencias y hasta dónde nuestros acuerdos. Está en cada uno de nosotros entender que para jugar un gran partido hay que estar, por sobre todas las cosas, bien afirmado sobre la tierra y con la cabeza despejada de preconceptos o ideas no elaboradas y mecánicamente repetidas y aplicadas.
Debemos romper los miedos en el tratamiento de las cuestiones que nos preocupan y la obediencia debida, que en algunos casos sigue aplicándose a rajatabla hacia el interior de algunas instituciones y que quiere ser impuesta al resto de la comunidad.
He aquí, queridos escuchas, los lineamientos generales sobre los cuales desarrollaremos nuestras editoriales y nuestras programaciones del año 2010.
Proponer, escuchar, disentir, debatir, acordar, definir, construir, balancear, son los verbos que debemos poner en práctica juntos, todos aquellos quienes estemos dispuestos a comenzar a escribir la historia de una nueva colectividad que, aún en estado embrionario, compite palmo a palmo con aquel otro concepto de colectividad desde hace varios años.
Nosotros, y sólo nosotros, tenemos la capacidad de decidir si comenzamos lo nuevo o dejamos que nos mantengan aferrados al pasado.


Adrián Lomlomdjian
Director

domingo, 13 de diciembre de 2009

Latinoamericanismo vs. Europeísmo

Editorial de la audición radial LA VOZ ARMENIA
Sábado 12 de Diciembre de 2009 – Radio Génesis AM 970 (Buenos Aires, Argentina)

Obama, el Presidente de la principal potencia imperialista y genocida del planeta, recibe el Premio Nobel de la Paz. Mientras el 80% de los europeos (según datos recogidos de la página oficial de la Unión Europea) cree que sus políticos son corruptos, son estos políticos los que descaradamente recorren el mundo dando cátedra de democracia y humanismo. Esa misma Europa aliada de los yanquis en el desmembramiento de Yugoslavia y Checoslovaquia, y en el saqueo de Europa del Este, manifiesta oficialmente a través del presidente permanente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, “que el reconocimiento de la independencia de Abjazia y Osetia del Sur por parte de Rusia es un chiste de mal gusto”.
¿El mundo al revés o el revés del mundo?
¿Hasta cuándo vamos a soportar que estos países, sus gobernantes y círculos de poder nos digan qué hacer, cómo vivir y con quiénes debemos estar? ¿Hasta cuándo seguiremos repitiendo casi mecánicamente que “los valores de la civilización europea” son los ejemplos a seguir? ¿Alguna vez se detuvieron a pensar cuánta hipocresia junta convive en ese continente?
No vayamos muy lejos, anclemos en el siglo XX. Primera y Segunda Guerra Mundial, destrucción de ciudades y aldeas, decenas de millones de muertos, ocupación y saqueo de las riquezas de lo que ellos denominan “tercer mundo”. Apoyo a las dictaduras militares en latinoamérica a través del envio de asesores, la venta de armas y la inversión de los capitales obtenidos del saqueo que llevan adelante en cada rincón del planeta. Destrucción de Yugoslavia, bombardeo, apoyo a los separatistas musulmanes que en este caso “sirven a sus intereses, mientras los combaten en Irak y Afganistan. Reconocimiento continental al “nacimiento de nuevas repúblicas” que juran “fidelidad” a esa Unión Europea “muy derecha y humana”. Mientras tanto, los vascos que quieren independencia son “terroristas”.
El listado es largo. Ellos, los europeos, y sus jefes yanquis, jamás olvidarán de recitarnos bellos discursos plagados de frases que nos recuerdan la libertad, la independencia, la igualdad, los derechos de cada uno, bla, bla, bla… Y así, con cara de buenos y discursos de humanos, matan, roban, saquean, imponen, dominan, contaminan, amenazan.
Y nosotros, “muy blanquitos por fuera”, seguimos creyendo que somos “ellos”, porque así se encargan de hacérnoslo saber hasta el hartazgo los medios masivos de comunicación que están en sus manos. Parece ser que a muchos de nosotros (hablo en plural para no “discriminar”) nos afectan más “las heladas que sacuden Europa” en nuestro verano que “el calor sofocante” que recorre el sur del Río Bravo.
Guste o no, se esté de acuerdo en todo, en parte o en nada, Latinoamérica está escribiendo con sus propias manos no sólo su historia, sino que está comenzando a influenciar de manera decisiva la historia universal.
Yanquis y europeos desesperan no porque la gran mayoría de quienes ocupan el poder en nuestros países sean convencidos dirigentes revolucionarios dispuestos a construir sociedades socialistas, sino porque saben que gran parte de este único pueblo latinoamericano –conformado por la diversidad que caracteriza a nuestros países-, ha comenzado a desandar un camino que no tiene retorno. Y es la mayoría de cada uno de nuestros pueblos quien se convierte en sujeto activo en la construcción de lo nuevo. Y es a esos pueblos a quienes les temen europeos y yanquis, no a nuestro presidentes.
Porque si bien la mayoría de los y las mandatarias latinoamericanas y sus gobiernos hablan de etapas y tratan de “maquillar”, asegurando el mantenimiento de las mismas estructuras arcaicas y explotadoras, nosotros, pueblo, manifestamos de una y mil formas que “queremos y vamos por más”. Por eso ganó Mujica en Uruguay, fueron reelectos Correa y Chavez, y Evo Morales arrasó en una Bolivia que festejaba al grito de “¡socialismo ya!”.
Dirán, ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros, con los armenios?
Mucho. Todo. Porque vivimos aquí, porque debemos terminar de entender que nuestra historia de cabecera, la del pasado más próximo, la que hace a nuestra vida cotidiana y al futuro de nuestros hijos, se está escribiendo acá, la están escribiendo, la están haciendo nuestros hermanos, los verdaderos, aquellos con quienes compartimos el aire y el agua a diario. La estamos haciendo juntos, concientes o no, queriendo ser partícipes o conformándonos con el simple rol de espectadores.
Nuestras raíces armenias, indestructibles ellas, no deben ser obstáculo para el proceso de integración de las nuevas generaciones. Y sigo llamándolo proceso de integración, porque a pesar de nacer en estas tierras, de ser ciento por ciento argentinos y latinoamericanos, estamos luchando contra una poderosa maquinaria capitalista que tiene en el mantenimiento de la característica nacional a uno de sus principales elementos para dividir y aislar a los distintos grupos.
Por eso, redefinirnos y militar esta redefinición como argentinos y latinoamericanos descendientes de armenios es una de las claves de nuestro accionar político dentro y fuera de la colectividad. Luchar contra el aislamiento, contra la permanencia y desarrollo del concepto de “gheto comunitario”, debe convertirse en pilar de nuestro discurso y actividad.
Armenia, lo armenio, esa historia, costumbres y tradiciones, querramos o no, seguirán formando parte de nuestra identidad, incluso, independientemente de nuestra voluntad. Y todo eso que heredamos y que forma parte de nosotros, debe servirnos para enriquecer este colectivo que integramos, la sociedad argentina, conformada por un sinfín de particularidades que deben convertirse en sumatoria para lograr la unidad de acción, y no en “reproducir decenas de islotes comunitarios” donde cada quien sólo se interese por encontrarle solución a su problema.
LA VOZ ARMENIA “para que conozcan más y mejor a los armenios”, y en esta etapa “para ser cada día más y mejor argentino, latinoamericano”.


Adrián Lomlomdjian
Director